yo mismo era escéptico sobre el cigarrillo electrónico

e-cig Riccardo PolosaComo experto en medicina respiratoria e investigador del impacto del cigarrillo electrónico en la salud, en los últimos años he seguido muy de cerca, y he investigado en detalle, la evolución de este producto en países como Italia, Reino Unido, Francia, Estados Unidos o España. En todos ellos he visto una reticencia inicial por parte de la comunidad médica al cigarrillo electrónico.

Cuando comencé la investigación de este producto, he de admitir que yo mismo era escéptico sobre el cigarrillo electrónico y lo desaconsejaba, aún sin conocerlo mucho, y así lo mostré en una entrevista en la televisión pública italiana en 2009.

Pero cambié de opinión cuando comencé a estudiar a fumadores que utilizaban el cigarrillo electrónico. Me reconocían que habían dejado de fumar gracias al cigarrillo electrónico y que se sentían mejor. Como investigador y médico que soy, no podía continuar destruyendo algo que desconocía, y desde ese momento he estado trabajando para evaluar los potenciales beneficios del cigarrillo electrónico para la salud pública.

Los resultados han sido contundentes en todos los países del mundo y con fumadores de todas las edades y de ambos sexos. Las evidencias científicas son lo suficientemente concluyentes para que la comunidad médica y los legisladores apoyen el potencial del cigarrillo electrónico como alternativa al tabaco.

Los médicos pro-vapeo lamentan

Especialmente, me gustaría señalar a los reguladores del cigarrillo electrónico que su influencia en la prevalencia de fumadores se ha demostrado en aquellos países donde la regulación del cigarrillo electrónico no es asfixiante, como en Reino Unido y Francia. Entonces, ¿el regulador español, debería o no seguir su ejemplo? Permítanme desde estas líneas proporcionar una serie de recomendaciones basadas en los resultados de nuestras investigaciones:

En primer lugar, evitemos el uso desproporcionado del “principio de precaución”, según el cual rechazamos de antemano los beneficios positivos del cigarrillo electrónico, cuando se ha demostrado que proporciona una reducción de los daños del tabaco en los fumadores que se pasan al cigarrillo electrónico o alternan con el mismo.

En segundo lugar, el legislador debe pensar en las consecuencias no deseadas de una regulación no proporcional o asfixiante. Así, sería una auténtica lástima mandar una señal negativa o alarmista a ese 20% de fumadores que los estudios demuestran que han dejado de fumar cuando se pasan al cigarrillo electrónico, muchos de los cuales terminan también dejando de vapear.

En tercer lugar, tengamos cuidado con la sobrecarga de informaciones, datos y cifras “científicas”, pues, tras el exceso, puede encontrarse la intención de justificar ciertas políticas. Por poner un ejemplo simple, sólo en Estados Unidos se han invertido 287 millones de dólares para investigar en los últimos años si las dietas alimenticias son o no saludables para el hombre, sin llegar a ninguna conclusión determinante, pero justificando todo tipo de productos y programas en el mercado. Por el contrario, lo que el regulador y la comunidad científica debemos hacer es centrarnos en los estándares de calidad y la seguridad de los productos. Los consumidores lo que realmente desean es saber qué llega a su cuerpo, y es aquí donde debemos fortalecer los estudios.

El objetivo más importante debe ser controlar la prevalencia de fumadores en la población. Es precisamente en este ámbito donde claramente obtendremos y observaremos el impacto real del cigarrillo electrónico en la salud pública con el paso del tiempo, como estamos viendo en países como Reino Unido. Por ello, no prohibamos gratuitamente el uso del cigarrillo electrónico en espacios públicos o su publicidad, pues su des-incentivación significará privar a la población del grandísimo potencial que tendría este producto en la salud pública como una alternativa menos dañina al tabaco.

cigarrillo electrónico Riccardo Polosa

 

El cigarrillo electrónico no es un producto perfecto, claramente no es una medicina, pero genera la sensación de fumar, recrea el “placer” y, gracias a ella, la cesación de la adicción. Sin ambigüedades, estoy convencido de que los responsables de la salud deberíamos apoyar al cigarrillo electrónico como alternativa menos dañina al tabaco y ayudar a los legisladores a tomar medidas encaminadas a llevar a cabo una regulación sensible hacia estos productos. No prohibamos por prohibir.Los legisladores deben tener en cuenta la ciencia, y ésta señala que el cigarrillo electrónico es una alternativa al tabaco segura y válida.

Riccardo Polosa, Director del Instituto de Medicina Interna e Inmunología Clínica de la Universidad de Catania (Italia) y Responsable del Centro Universitario para la Investigación del Tabaco (CPCT).

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El E-Cig en el 50ª Congreso de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ)

España, al contrario que otros países sigue manteniendo una política contra el cigarrillo electrónico

e-cig Riccardo Polosa Hace seis meses fui invitado a participar en el 50ª Congreso de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), donde defendí mi firme creencia de que el cigarrillo electrónico y los productos del vapor pueden y deben ser una herramienta útil en la lucha contra el tabaquismo. Para mi sorpresa, observé que la Separ todavía mira con miedo a este producto y a su potencial de reducción de daños entre aquellos fumadores que no han podido o querido dejar de fumar, mientras que un creciente número de asociaciones homónimas alrededor del mundo están tomando un camino distinto.

Soy uno de los principales luchadores contra el tabaco y los efectos del tabaquismo, y por ello presido la Sociedad Italiana contra el Humo. No hay duda: el tabaquismo es la gran epidemia del siglo XXI, y por ello no debemos escatimar en recursos para luchar contra sus efectos nocivos. Ahora bien, los métodos tradicionales para abandonar el tabaco (parches, chicles, etc.) tienen una tasa de éxito no superior al 30%. ¿Qué pasa con el 70% restante?

Es ahí donde el potencial de los vaporizadores puede constituir, adecuadamente incentivado, una herramienta de salud pública de primer orden para reducir los daños asociados al tabaquismo en ese elevadísimo número de fumadores que no han podido, o querido, dejar de fumar. Si van a seguir fumando es mejor animarlos a pasarse a alternativas menos nocivas que les proporcionen nicotina, pero sin combustión, ya que la evidencia científica confirma que estos productos reducen hasta en un 95% los daños derivados del consumo de tabaco convencional.

Precisamente estos son los datos que acaba de publicar el servicio de sanidad inglés (Public Health England) en un meta-análisis de todos los estudios científicos publicados hasta la fecha, en el que:

1) reconoce al cigarrillo electrónico como un dispositivo 95% menos nocivo que el tabaco convencional

2) confirma que 20.000 personas dejan el tabaco cada año gracias a ellos

3) explica que ha contribuido a acelerar la reducción en la prevalencia tabáquica

4) certifica que no constituye una puerta de entrada al tabaquismo

5) concluye que el vapeo pasivo es insignificante desde un punto de vista sanitario.

De hecho, Reino Unido lleva años evaluando el impacto del e-cig. En julio de 2016, Public Health England emitió un comunicado conjunto con otros 12 organismos médicos, entre los que se incluían la Fundación Británica del Pulmón, la Asociación Británica de Neumología (la Separ británica) y el Real Colegio de Médicos Británico, reconociendo que gracias al cigarrillo electrónico se había conseguido ayudar a 1,3 millones de personas en Reino Unido a dejar de fumar.

El propio Ministerio de Sanidad británico ha incluido el cigarrillo electrónico en sus ya conocidas campañas para octubre para dejar de fumar (Stoptober).

Pero Reino Unido no es ni mucho menos el único país en tomar estas medidas, pues en los últimos años países como Francia, Estados Unidos, Canadá o Noruega le han seguido en este cambio de mentalidad en las políticas contra el tabaquismo. Con estos precedentes, ¿por qué en España se sigue manteniendo una política anti-e-cig anclada en el pasado?

cigarrillo electrónico Riccardo Polosa

No se trata de que el cigarrillo electrónico sea un buen producto o no. No es sano, y no debería promoverse entre no fumadores. Ahora bien, para aquellos fumadores que no han podido o querido dejar de fumar, es preferible, desde un punto de vista sanitario, que se pasen a alternativas de menor riesgo sin combustión, pues solo con este cambio de hábito se podrán salvar millones de vidas en el medio y largo plazo.

El Gobierno español debe mirar fuera de sus fronteras, seguir de cerca el debate científico internacional en torno a estos productos, y ser valiente para innovar sus políticas sanitarias e integrarlos como herramienta adicional en la lucha contra los efectos del tabaquismo. En juego está la salud de ese 70% de fumadores que merecen tener a su disposición todas las herramientas posibles en su particular vía crucis contra el tabaquismo.

Riccardo Polosa es Director del Instituto de Medicina Interna e Inmunología Clínica de la Universidad de Catania (Italia) y Responsable del Centro Universitario para la Investigación